Beneficios para la salud

La ciencia nos enseña cómo la música afecta al ser humano en su totalidad. Las diversas características de la música influyen en distintas áreas espirituales, emocionales, psico-físicas y físicas.

El canto gregoriano está pensado para inspirar admiración, reverencia y gratitud tanto en quienes lo cantan como en quienes lo escuchan. Actúa como protección frente a la embestida de los pensamientos menos positivos que se cuelan en nuestra mente cuando no estamos alerta. El canto equilibra la mente, las emociones y el cuerpo. Por el simple hecho de cantar, o bien de escuchar de forma activa, nos sentimos plenos y al mismo tiempo partes de un todo aún mayor.

No sólo con el oído sino también con la mente percibimos el sonido y nos acecha cada día aunque no seamos conscientes de ello. Estos sonidos, para bien o para mal, actúan como un filtro frente a cualquier otra experiencia que nos surja; como los lentes de cristales coloreados, pueden cambiar la percepción de lo que tenemos ante nosotros. A la hora de una selección musical, si lo que deseamos es enfocar nuestra vida de forma equilibrada, razonable, placentera y saludable, lo mejor será escuchar los cantos gregorianos.

El sonido es capaz de dar forma a la materia y vida a los seres animados. La música que oímos es percibida por los centros emocional, intelectual y/o activo. La pronunciación misma de las consonantes y vocales provocan en el ser humano distintos efectos que modifican, incluso, su personalidad. Sería difícil pensar en una música más equilibrada que el canto gregoriano. Nos da reposo y estabilidad, proporcionándonos algo mucho más importante: alimento para el corazón.

La audición atenta del canto produce de forma natural un equilibrio entre el cuerpo y la mente, nos fundimos con él olvidando el dolor, la tristeza, la agitación o la confusión. Entonces nos invade una profunda sensación de paz. La música y el sonido constituyen una forma sutil de alimento, ya que no sólo la comida nos nutre; también lo hacen el aire y las impresiones.

El Dr. Alfred Tomatis, médico otorrinolaringólogo francés de prestigio internacional, dio la solución a un monasterio benedictino de unos 60 monjes que padecían males al parecer sin raíz ni curación. Con la aplicación de un dispositivo cibernético que permitía recuperar la agudeza del oído interno logró además la adecuada estimulación energética de la corteza cerebral. A su vez indicó que se recuperara en el oficio litúrgico diario el canto gregoriano, que posee las mejores cualidades musicales para esta terapia. Al cabo de nueve meses los monjes habían experimentado una extraordinaria mejoría, tanto en su capacidad auditiva como en su estado de salud y bienestar general.

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